Editoriales ICAS

AIKIDO Y EL DESARROLLO PERSONAL

Por Mario A. Canale, 5º Dan de AIKIDO.
Agosto 2006

 

La vida actual es altamente demandante en todos sus órdenes. El ámbito laboral, ya sea por subocupación o sobreocupación aporta una cuota de estrés y de demanda de alta significación.  El contexto social con sus conflictos y la inseguridad tampoco contribuyen a estabilizar el ánimo. El recuerdo de la crisis pasada con el derrumbe económico y las pérdidas consecuentes en muchas familias, que se suma al de las otras crisis anteriores que tuvieron lugar en nuestra historia más o menos  reciente,  ha dejado secuelas que aún perduran tanto en el plano material como en el plano psicológico y que en muchos casos termina afectando la salud.   El sentimiento de incertidumbre, “nada es demasiado seguro”, está instalado en muchos espíritus.

Ante estas circunstancias el cuidado de si mismo es de suma importancia. Cuidar de si mismo significa entre otras cosas desarrollar hábitos y cultivar conductas y actitudes que conduzcan a un equilibrio y fortalecimiento tanto  anímico como físico, equilibrio y fortalezas necesarios para afrontar las circunstancias arriba mencionadas. Este equilibrio y fortaleza también se necesita para poder dar bien de si mismo en los distintos ámbitos de nuestras vidas: la familia y el hogar, nuestro trabajo y nuestra comunidad.

Ahora bien, la pregunta sería ¿qué puedo hacer para cuidar de mi mismo y seguir desarrollándome como persona? Seguramente hay muchas respuestas posibles a esta pregunta; una respuesta se podría encontrar en las disciplinas orientales. Oriente tiene una larga tradición en la búsqueda interior por medio de diferentes disciplinas  todas ellas orientadas a profundizar el conocimiento de si mismo y a obtener estados de ánimo y conciencia serenos y equilibrados y promover búsquedas espirituales conforme a la fe religiosa de los pueblos de ese origen. Dentro de esas disciplina me referiré al Aikido, arte marcial que vengo practicando en forma sistemática desde hace más de 30 años y que según creo, y esta es la finalidad del presente artículo, su estudio y práctica es una respuesta posible a la pregunta arriba formulada

El Aikido por sus características es una opción altamente recomendable, para todas las edades, y  para hombres y mujeres. Algunas de las características y sus efectos, muy resumidos, que lo definen como una vía para el cuidado de si mismo y el crecimiento en fortaleza y equilibrio, se describen a continuación:

1. Es disciplina y no deporte

Esta es una característica definitoria y fundante. El objetivo del Aikido tal como lo concibió su creador  Morihei Ueshiba es el desarrollo integral de la persona y buscar equilibrio y armonía crecientes con todo lo existente, por lo que no consiste  vencer en una competencia o acumular puntos en un ranking o torneo. Tampoco tiene por finalidad la defensa personal aunque pueda ser útil en este sentido. Es un ejemplo práctico del concepto ganar-ganar, en donde los practicantes que asumen una confrontación simulada  están afuera de la necesidad de derrotar al adversario. La ausencia de competencia previene el estrés y evita las rivalidades lo cual contribuye a   pacificar el ánimo.

2. La actitud vale tanto como la técnicas

En Aikido se cultiva una actitud por medio de las técnicas. Las técnicas son  el aspecto visible de una actitud interior indispensable para que la técnica se perfeccione. Interior y exterior del practicante deben ir juntos. Las técnicas del Aikido son armónicas y no de choque: no existe el golpe, ni el tironeo, ni el forzamiento del adversario en ningún sentido, el Aikidoka recibe el ataque y lo neutraliza acoplando su técnica al movimiento del oponente. Para lograr este acople armonioso y a su vez muy vigoroso y potente se necesita una actitud interior de similares características: estar relajado interiormente, atento al otro y sensible a sus movimientos y gestos, conciente de si mismo y del otro practicante que asume el rol de atacante, sentirse seguro, asertivo.

Visto desde afuera y cuando los practicantes tienen amplia experiencia en la práctica se ve como una danza vigorosa y también estética.  Técnica, estética, potencia, armonía interna y externa, son elementos que están  alineados e integradas en la práctica bien realizada.
Los efectos en el practicante es la incorporación progresiva de estas actitudes no solamente en la práctica sino también en la vida cotidiana.

3. No violencia

Aunque parezca contradictorio que un arte marcial sea no violento el Aikido por definición cultiva una actitud no violenta. Su característica de no confrontación, no competencia, técnicas que se aplican a partir de recibir una agresión y no de iniciativa, ausencia de choque y de forzamientos va forjando una actitud interior de seguridad y firmeza por una parte y de no agresión por la otra.

4. Respeto

El respeto manifestado de muchas maneras forma parte de la práctica. Los saludos a la usanza tradicional japonesa (de cuclillas), la consideración respetuosa a los practicantes de máyor graduación, mayor antigüedad en la práctica o de mayor edad, la recepción amistosa de los practicantes que se inician y la disposición a colaborar con ellos para su aprendizaje, el silencio en la práctica, el orden y la limpieza del lugar y de uno mismo, son manifestaciones del respeto que se espera se mantengan dentro y fuera de la práctica. El respeto es inseparable de la armonía y de la no-violencia. Cuando se fuerza, cuando se crispa, cuando se busca imponer o golpear, trabar o chocar no hay armonía ni respeto al otro, a uno mismo, ni a ese acontecer en el cual estamos involucrados.
Esta actitud respetuosa termina incorporándose en la persona del practicante constituyendo una característica de los mismo.

5. Salud Corporal

La práctica del Aikido confiere flexibilidad en las articulaciones, obliga a trabajar con toda la musculatura, las caídas reiteradas confieren agilidad corporal, y resistencia a la fatiga.
No hay límites en la edad de práctica siempre que se adecúe la misma a las posibilidades de cada uno.

6. Brinda estructura

En aquellos momentos de crisis cualquiera sea su causa donde a veces se siente que parte de la vida se derrumba, la práctica persistente del Aikido es estructurante porque marca una actitud y establece un eje de comportamiento que permite sostener las áreas en crisis de la propia vida.

 

Se puede enunciar muchas otras características de este arte marcial que lo hacen recomendable para el cuidado y fortalecimiento saludable de si mismo y ayudar al desarrollo integral de la persona. Las mencionadas son suficientes como una introducción al tema.

 

Mario A. Canale         
Director de ICAS ARGENTINA

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