Cuerpo, mente y espÍritu
La importancia de cuidarnos
La vida laboral es cada día más exigente, debemos capacitarnos en forma continua, aprender a convivir con los cambios y las incertidumbres, aprender a ser flexibles, desarrollar la capacidad de reportar a varios supervisores simultáneamente y de satisfacer las demandas de los mismos, estar dispuestos a cambios de roles, a viajes y traslados, a jornadas muchas veces muy largas, a vacaciones cortas y salteadas, y la lista sigue. Simultáneamente se nos pide y necesitamos dar lo mejor de nosotros mismos en nuestra labor.
Como proveedor de Programas de Asistencia al Empleado soy testigo del impacto de estas exigencias en muchos empleados y profesionales que se acercan a estos programas para buscar alivio y orientación para manejar su estrés personal, tratar problemas de ansiedad, resolver conflictos familiares, interpersonales o conflictos internos y también recuperar la capacidad de disfrute en sus vidas.
La pregunta que podemos plantearnos sería ¿qué hacer para estar a la altura de estas exigencias y al mismo tiempo llevar una vida familiar y personal satisfactoria?
La cultura clásica nos ha proporcionado una respuesta hace más de 2000 años que tiene aún vigencia: cuidar de nosotros mismos, preocuparnos por nosotros mismos o más bien ocuparnos de nosotros mismos (1) sin desmedro de nuestro trabajo, o más bien para dar lo mejor de nosotros en él.
LEl tema en cuestión sería que cada tanto habría que trasladar la atención de las cuestiones externas (trabajo, obligaciones, tareas de la vida cotidiana) a las cuestiones internas que tienen que ver con nosotros como sujetos de nuestra vida, como personas humanas que somos, para ver cómo estamos y qué podemos hacer para cuidarnos.
Acá surge otra pregunta: ¿qué tendríamos que hacer al respecto?
Habría varias respuestas posibles, cualquiera de ellas debería involucrar acciones en las áreas que nos constituyen como personas, a saber: cuerpo (salud física), mente (salud y madurez emocional) y podríamos agregar un área espiritual (orientación de vida, valores, propósito). Estas acciones constituyen prácticas a introducir en nuestra vida constituyendo una especie de “tecnología de si” (1). El cuidado del cuerpo de la mente y del espíritu es en este orden progresivamente más complejo.
Cuidado del cuerpo:
Sobre el cuidado del cuerpo surgen diariamente y en todos los medios indicaciones, orientaciones y todo tipo de información que podemos tomar para aplicarla en nosotros previo chequeo de su validez y consistencia. Lo que no podemos dejar de hacer es de ocuparnos de algunos temas básicos y tomar posición al respecto como ser sobre la nutrición, la actividad física, el descanso, los hábitos saludables, los controles médicos periódicos, etc.
Cuidado emocional:
El tema del cuidado de la salud emocional nos introduce en un terreno más sutil que es el mundo de la afectividad, mundo que no podemos controlar directamente pero en el que se juega gran parte de la felicidad o infelicidad personal. Son muchas las respuestas que las ciencias que estudian al ser humano proponen, muchas de ellas contradictorias entre sí y fuertemente influídas por factores culturales de cada nación. Nuevamente preguntamos ¿qué tendríamos que hacer en este campo para cuidarnos?
También la cultura clásica nos da una respuesta: conocernos a nosotros mismos, es decir avanzar en darnos cuentas de nuestras necesidades, nuestros deseos, nuestra vocación, nuestras aptitudes y limitaciones, de las cosas que nos hacen bien y de las que nos hacen mal. Esto no es tarea sencilla, requiere introspección, apertura hacia nosotros mismos, hacia nuestros sentimientos y estados de ánimo, desarrollando la capacidad de poder ponerlos en palabras. Y acá nace la importancia del otro porque en la interrelación con otros nos damos cuenta de nosotros mismos si prestamos atención en particular a los vínculos de comunicación profunda y abierta. A veces puede necesitarse al otro en rol de ayuda: counselor, coach, terapeuta, para poder adentrarnos en aquellos aspectos que más tememos o rechazamos de nosotros mismos.
Cuidado espiritual:
Cuando hablamos de aspectos espirituales en realidad estamos hablando de continuar en profundidad en nuestro cuidado y conocimiento adentrándonos en los que son nuestros valores sentidos, en cómo queremos vivir, en nuestros proyecto, metas y propósito de vida, tener claridad en lo que consideramos que son los temas prioritarios de nuestras vidas y la dirección que queremos imprimirle.
El cuidado de si mismo como proceso:
Lograr esto no es tarea sencilla, en realidad es un proceso continuo que dura toda la vida. Avanzar en este camino por nosotros mismos o con la ayuda de otros nos colocará en un estado de acuerdo y consistencia internas progresivos que nos permitirá encarar nuestras actividades laborales con toda nuestra energía, sin los conflictos internos y externos que suboptimizan nuestras capacidades y nos hace disipar energía en manejarlos.
Los Programas de Asistencia al Empleado orientan, contienen, informan y asisten al afectado por problemas personales, para restaurar el equilibrio entre la vida personal y la laboral, incrementando la productividad
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